Este trastorno es una enfermedad que afecta pensamientos y acciones y se cree viene originado por un desequilibrio bioquímico del cerebro. El T.O.C. se ha clasificado como un trastorno de ansiedad en el Diagnostic and Statistical Manual (DSM-IV) publicado por la American Psychiatric Association.
Se caracteriza por pensamientos recurrentes y perturbadores (denominados obsesiones) y/o comportamientos ritualizados que la persona se siente obligado a efectuar (compulsiones)
Las obsesiones pueden tomar también forma de imágenes intrusivas o impulsos no deseados. La mayoría de pacientes sufren tanto obsesiones como compulsiones, pero una minoría (sobre un 20%) tienen sólo obsesiones o sólo compulsiones (sobre un 10%). La persona con T.O.C., por lo general, intenta eliminar de forma activa o neutralizar la obsesión mediante la realización de compulsiones o evitar situaciones que puedan originarla. En la mayoría de los casos, las compulsiones sirven para reducir la ansiedad. Sin embargo, no es infrecuente que las compulsiones por ellas mismas generen ansiedad, especialmente cuando se convierten en apremiantes.
La persona suele reconocer que los pensamientos o comportamientos no tienen sentido o son excesivas. Sin embargo, el impulso de hacerlas es tan potente que no tiene más remedio que realizarlas: Una mujer pasaba horas cada tarde removiendo entre el contenido de la papelera para asegurarse de que no contenía nada valioso. Cuando se le preguntaba qué estaba haciendo, admitía: “no tengo ni idea, no poseo nada valioso”.
Ejemplos de obsesiones y compulsiones
Los tipos comunes de obsesiones incluyen problemas concernientes a la contaminación (miedo a la suciedad, gérmenes o enfermedad), seguridad/daño (ser responsable de haber provocado un fuego), actos de agresión no deseados (impulsos de provocar daño a un ser querido) pensamientos sexuales o religiosos inapropiados (imágenes sacrílegas) y la necesidad de simetría o exactitud.
Las compulsiones más comunes incluyen excesiva limpieza (ritual de lavarse las manos), comprobación, rituales de orden y arreglo, contar, repetir actividades cotidianas (entrar y salir por una puerta) y acumular (coleccionar artículos sin una gran utilidad). Mientras que algunas compulsiones son comportamientos observables (lavarse las manos), otros se realizan como rituales mentales (pronunciación silenciosa de palabras sin sentido para vencer imágenes no deseadas).
La mayoría de pacientes con T.O.C. sufren múltiples tipos de obsesiones y compulsiones, algunos pueden primero indicar que su obsesión es con la contaminación por amianto, pero una posterior entrevista desvelará que en silencio suelen contar los ladrillos que pisan o los buzones de correos que encuentran a su paso.
Tratamientos
En el pasado, no se disponía de muchos tratamientos efectivos idóneos para los pacientes con T.O.C. y tenían que batallar con sus síntomas por sí solos y la mayoría vivían en una pura agonía durante años.
Hoy en día, existen a nuestro alcance una variedad de tratamientos positivos para aquellos que sufren del trastorno. Es importante encontrar la terapia adecuada y empezarla cuanto antes. Cuanto antes se inicie el tratamiento, menos se desarrollarán las complicaciones típicas de esta enfermedad.
Médicos: Dirigidos a reducir los síntomas y que funcionan mejor junto con otras terapias. A menudo se prescriben tranquilizantes a aquellas personas con síntomas más graves con el fin de relajar los músculos del cuerpo y dominar así las acciones compulsivas. Debido a que pueden causar hábito, deberían consumirse dentro de un periodo corto de tiempo.
Neurocirugía: Sólo en casos muy especiales y con ciertas reservas por razones obvias.
Psicoterapia: La psicoterapia es extremadamente beneficiosa para este tipo de trastorno. Debería tenerse en cuenta como primera línea de tratamiento, especialmente en niños. La psicoterapia debe realizarse individualmente y por un especialista evitando el grupo. La terapia cognitiva conductual es la única probada para conseguir la efectividad que se busca en este trastorno.
Es sumamente positiva para pacientes con T.O.C. ya que es un tipo de terapia que se dirige a provocar cambios de patrones de pensamiento por conducta alterada. El paciente será expuesto gradualmente a la obsesión que le aterra sin que se vea enganchado a un comportamiento compulsivo. Con la exposición gradual el paciente experimentará menos y menos ansiedad hasta darse cuenta de que nada malo va a pasar. Después del tratamiento de un 50% a un 80% de los pacientes cesará su compulsividad.
Por: Dr. Michael Demitri
Psycentral
Considerado hasta hace algunos años como una enfermedad psiquiátrica rara que no respondía al tratamiento, es hoy reconocido como un problema común que afecta al 2-3% de la población, es decir, a más de 100 millones de personas en todo el mundo.
PSICOTERAPEUTAS ONLINE
Te ayudamos a solucionar tus problemas. Servicio de psicología online y telefónico.
SICOLOGÍA
Trastorno obsesivo compulsivo, depresión, estrés, ansiedad... Estudios de la personalidad y la conducta. Patologías y trastornos mentales...
viernes, octubre 24, 2008
miércoles, julio 30, 2008
Mujeres y obsesión
Las mujeres tienen más tendencia a dar vueltas a las cosas de forma obsesiva.
Existe una forma de pensamiento en la que, al igual que un hamster en su jaula, la persona va dando vueltas a un asunto en su cabeza. Puede ser la obsesión sobre un problema, una pérdida, cualquier tipo de contrariedad o incluso ambigüedad, sin poder pasar a la acción.
Se produce entonces una doble complicación: mientras se le va dando vueltas al asunto, éste se profundiza más y más en el cerebro, intensificando así sus niveles de ansiedad y depresión. Los problemas adquieren un grado más intenso al magnificarlos y quedan sin resolver ya que cuesta cada vez más tomar una decisión para solucionarlos.
Como algunos investigadores han demostrado, la tendencia a iniciar este proceso revela una gran cantidad de diferencias de género en la forma en que se controlan las experiencias emocionales.
En lo que a estilos de pensamiento se refiere, los hombres y las mujeres deberían aprender unos de otros. Mientras que las mujeres se hallan más predispuestas a pensar en círculo, quizá porque valoran más las relaciones y dedican más tiempo y energía mental al proceso, a menudo equívoco, de cómo contentarlas, los hombres, en general, toman el camino opuesto: se lanzan a la acción sin pensar demasiado en el problema y como resultado, las soluciones no están siempre lo suficientemente bien enfocadas o dirigidas.
He aquí algunas estrategias que pueden ayudarle a mejorar el control de sus pensamientos en situaciones difíciles:
• Evalúe su propia tendencia a obsesionarse sobre los problemas. Píenselo como una prueba de mantenimiento para su cerebro. Pregunte no sólo a sus amigos, sino también a los conocidos qué opinan sobre sus niveles de obsesión en una escala que vaya desde suave, moderado hasta grave.
• Tómese su tiempo en evaluar cuánto emplea en pensar sobre un mismo problema, si concierne a uno de sus hijos, su trabajo o si debe cambiar un electrodoméstico. Al finalizar cinco minutos, debería tener un sentimiento de pasar a otro paso en la acción requerida para solucionar el problema.
Si piensa sobre el problema después de cinco minutos, existe la posibilidad de que padezca un trastorno obsesivo.
• Los hombres pueden beneficiarse especialmente mirando si están reprimiendo sus sentimientos. ¿Cuánto tiempo evita centrarse en sus problemas relacionados con emociones? ¿deja pasar días o incluso semanas sin pensar en los problemas más acuciantes? De nuevo, confíe en otros ya sean familiares, amigos, conocidos, para recavar información sobre cómo es usted ante la obsesión.
• Si es usted obsesiva, concédase cinco minutos en pensar sobre un problema en particular. Es realmente beneficioso poder hablar del problema con otra persona, eso le dará el suficiente “feedback” que la ayudará a abrir su mente y a acometer la acción más efectiva para conseguir sus objetivos.
• Un elemento clave para ganar control sobre sus pensamientos limitando a la obsesión es usar técnicas de distracción a través de la acción. Cuando los pensamientos empiezan a dar vueltas es necesario romper el círculo mediante maniobras de distracción. Salga a dar un paseo. Salga al jardín o ocúpese de sus plantas. Entre en la cocina y piense qué prefiere para cenar. Abra un libro y léalo.
• Entienda que la resolución de problemas siempre requiere proceso sus pensamientos de una manera constructiva y actuar sobre ellos. En situaciones difíciles es necesario saber cuándo procesar el tema con el que está lidiando y cuándo no y cuánto y ello depende de su energía.
Puede intercambiar entre proceso y actividad tan a menudo como el pensamiento le lleve hacia el tema ya que de otra manera podría hundirse en la obsesión. Si se mueve hacia adelante, va hacia la dirección correcta.
Por: Ellen McGrath
Existe una forma de pensamiento en la que, al igual que un hamster en su jaula, la persona va dando vueltas a un asunto en su cabeza. Puede ser la obsesión sobre un problema, una pérdida, cualquier tipo de contrariedad o incluso ambigüedad, sin poder pasar a la acción.
Se produce entonces una doble complicación: mientras se le va dando vueltas al asunto, éste se profundiza más y más en el cerebro, intensificando así sus niveles de ansiedad y depresión. Los problemas adquieren un grado más intenso al magnificarlos y quedan sin resolver ya que cuesta cada vez más tomar una decisión para solucionarlos.
Como algunos investigadores han demostrado, la tendencia a iniciar este proceso revela una gran cantidad de diferencias de género en la forma en que se controlan las experiencias emocionales.
En lo que a estilos de pensamiento se refiere, los hombres y las mujeres deberían aprender unos de otros. Mientras que las mujeres se hallan más predispuestas a pensar en círculo, quizá porque valoran más las relaciones y dedican más tiempo y energía mental al proceso, a menudo equívoco, de cómo contentarlas, los hombres, en general, toman el camino opuesto: se lanzan a la acción sin pensar demasiado en el problema y como resultado, las soluciones no están siempre lo suficientemente bien enfocadas o dirigidas.
He aquí algunas estrategias que pueden ayudarle a mejorar el control de sus pensamientos en situaciones difíciles:
• Evalúe su propia tendencia a obsesionarse sobre los problemas. Píenselo como una prueba de mantenimiento para su cerebro. Pregunte no sólo a sus amigos, sino también a los conocidos qué opinan sobre sus niveles de obsesión en una escala que vaya desde suave, moderado hasta grave.
• Tómese su tiempo en evaluar cuánto emplea en pensar sobre un mismo problema, si concierne a uno de sus hijos, su trabajo o si debe cambiar un electrodoméstico. Al finalizar cinco minutos, debería tener un sentimiento de pasar a otro paso en la acción requerida para solucionar el problema.
Si piensa sobre el problema después de cinco minutos, existe la posibilidad de que padezca un trastorno obsesivo.
• Los hombres pueden beneficiarse especialmente mirando si están reprimiendo sus sentimientos. ¿Cuánto tiempo evita centrarse en sus problemas relacionados con emociones? ¿deja pasar días o incluso semanas sin pensar en los problemas más acuciantes? De nuevo, confíe en otros ya sean familiares, amigos, conocidos, para recavar información sobre cómo es usted ante la obsesión.
• Si es usted obsesiva, concédase cinco minutos en pensar sobre un problema en particular. Es realmente beneficioso poder hablar del problema con otra persona, eso le dará el suficiente “feedback” que la ayudará a abrir su mente y a acometer la acción más efectiva para conseguir sus objetivos.
• Un elemento clave para ganar control sobre sus pensamientos limitando a la obsesión es usar técnicas de distracción a través de la acción. Cuando los pensamientos empiezan a dar vueltas es necesario romper el círculo mediante maniobras de distracción. Salga a dar un paseo. Salga al jardín o ocúpese de sus plantas. Entre en la cocina y piense qué prefiere para cenar. Abra un libro y léalo.
• Entienda que la resolución de problemas siempre requiere proceso sus pensamientos de una manera constructiva y actuar sobre ellos. En situaciones difíciles es necesario saber cuándo procesar el tema con el que está lidiando y cuándo no y cuánto y ello depende de su energía.
Puede intercambiar entre proceso y actividad tan a menudo como el pensamiento le lleve hacia el tema ya que de otra manera podría hundirse en la obsesión. Si se mueve hacia adelante, va hacia la dirección correcta.
Por: Ellen McGrath
jueves, julio 10, 2008
Psicoterapia para el T.O.C.
Primeros Tratamientos
Anteriormente, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) estaba considerado como “neurótico”. Sigmund Freud, el padre de la psicoterapia prestó una atención considerable a este trastorno y creía que el trastorno abarcaba un amplio espectro que iba de la personalidad obsesivo-compulsiva a la psicosis. Su tratamiento fue el psicoanálisis, aceptado durante muchas décadas. Debido a que no se obtuvieron los resultados apetecidos, se consideró al trastorno como raro e intratable.
Incluso hoy en día las formas más populares de psicoterapia incluyen el psicoanálisis y su sucesora la terapia psicodinámica. Los objetivos de estas formas de terapia no encubren motivaciones ocultas y ganan en interiorización—por lo que se refiere a “terapia de orientación interior”. La utilización del psicoanálisis freudiano ha ido decreciendo en favor de la psicoterapia psicodinámica debido a sus rápidos resultados. El psicoanálisis tradicional puede tener un proceso amplio en el tiempo, por incluir terapeutas que tratan de no influir al paciente, esperando a que lleguen a un “renacer” por sí mismos. Este proceso lleva años, haciéndolo inaccesible para la mayoría.
Los modernos tratamientos de psicodinámica, aunque persiguen objetivos similares en cuanto a orientación interior, incluyen más interactividad por parte del psicoterapeuta, permitiendo una terapia más corta, menos de 25 sesiones por lo general. Las personas que padecen TOC tienen como mínimo algunas interiorizaciones por lo que hace a sus comportamientos, haciendo que el objetivo básico sea menos útil; la interiorización por sí misma no es suficiente para “curar” el TOC. Ahora hemos aprendido que el TOC tiene, en gran parte, una causa biológica (queremos decir, por ejemplo, que el comportamiento obsesivo no esta causado simplemente por una mala relación con la madre, sino que tiende a producirse por herencia familiar). Debido al fracaso de los tratamientos psicológicos tradicionales para el TOC, se utilizan ahora los cognitivos-conductuales, con unos resultados francamente satisfactorios.
Tratamientos modernos
La terapia cognitiva-conductual (TCC) es una categoría de tratamientos psicológicos utilizados con éxito para los trastornos obsesivo-compulsivos. Esta terapia es la mejor forma de reducir permanentemente los síntomas del TOC. Está estudiado científicamente y muestra que realmente puede cambiar la actividad en el cerebro de una persona—en el sentido de que a través del mismo se puede “reeducar” al cerebro.
El objetivo de la TCC es doble: cambiar pensamientos y a la vez comportamientos. La parte cognitiva incluye la identificación y análisis de los pensamientos irracionales, permitiendo afrontarlos. Por lo que hace a la parte del pensamiento, el terapeuta y el paciente trabajan unidos para cambiar los comportamientos compulsivos. Ello incluye técnicas como Exposición y Prevención de Respuestas, también denominado Exposición y Prevención Ritual.
La exposición y prevención de respuesta o ritual tiene éxito de un 75 a 80% en cuanto a reducir los síntomas, haciendo el tratamiento más efectivo para el TOC. La persona que padece sentimientos obsesivos (TOC), experimenta extrema ansiedad y ello origina la ejecución de compulsiones que alivian momentáneamente esa ansiedad. Su objetivo es exponer a los que padecen TOC directamente a las obsesiones que les producen ansiedad y luego prevenir la actuación de rituales compulsivas para aliviar esa ansiedad. Es un proceso jerárquico. El terapeuta debe definir y clasificar sus miedos, desde los más perturbadores hasta los que lo son menos. Una vez hecho, se insta al paciente a exponerse a cada uno de los miedos tan pronto esté preparado para ello. El terapeuta jamás obligará a su paciente a efectuar ninguna acción que éste no desee, ya que es preciso tener mucho cuidado en asegurarse de que el sujeto se encuentra listo para el siguiente paso—debido a ello el proceso se alarga en el tiempo. El paciente de TOC aprende que la ansiedad en sí misma no es grave.
Debido a que el solo pensamiento de afrontar al miedo puede ser disuasorio por parte de muchos pacientes, algunos se preguntan si es posible evitar una parte de la terapia. La terapia cognitiva sola puede ser útil si un paciente es incapaz de participar en los ejercicios, pero la parte del tratamiento del comportamiento es la clave del éxito.
El terapeuta asignará tareas para que las lleve a cabo el paciente y evaluará el proceso de los síntomas para asegurarse de que va mejorando. El terapeuta estimulará de alguna manera al paciente ya que quizá necesite que se le dirija para conseguir una mayor efectividad en el tratamiento, pero no más de lo que el paciente pueda controlar. Es un proceso difícil pero muy efectivo y gratificante. La TCC es también efectiva para la mayoría de trastornos de ansiedad y muchos trastornos del espectro obsesivo-compulsivo.
El terapeuta adecuado
Debido a que no todos los terapeutas poseen las enseñanzas especializadas sobre las técnicas de comportamiento, las personas con TOC deberían elegir a un profesional de salud mental con cuidado antes de iniciar un programa de tratamiento, asegurándose de poseer la suficiente experiencia por lo que hace a los tratamientos con técnicas de comportamiento para trastornos de ansiedad. Es común encontrar personas con TOC que han asistido a terapias psicodinámicas sin observar efectividad alguna ni mejoría durante largo tiempo. Incluso debería evitarse un terapeuta cognitivista sin la suficiente experiencia en el trato del comportamiento.
Las personas que siguen un tratamiento correcto deberían empezar a ver su mejoría después de unas pocas sesiones de terapia cognitivo-conductual.
Anteriormente, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) estaba considerado como “neurótico”. Sigmund Freud, el padre de la psicoterapia prestó una atención considerable a este trastorno y creía que el trastorno abarcaba un amplio espectro que iba de la personalidad obsesivo-compulsiva a la psicosis. Su tratamiento fue el psicoanálisis, aceptado durante muchas décadas. Debido a que no se obtuvieron los resultados apetecidos, se consideró al trastorno como raro e intratable.
Incluso hoy en día las formas más populares de psicoterapia incluyen el psicoanálisis y su sucesora la terapia psicodinámica. Los objetivos de estas formas de terapia no encubren motivaciones ocultas y ganan en interiorización—por lo que se refiere a “terapia de orientación interior”. La utilización del psicoanálisis freudiano ha ido decreciendo en favor de la psicoterapia psicodinámica debido a sus rápidos resultados. El psicoanálisis tradicional puede tener un proceso amplio en el tiempo, por incluir terapeutas que tratan de no influir al paciente, esperando a que lleguen a un “renacer” por sí mismos. Este proceso lleva años, haciéndolo inaccesible para la mayoría.
Los modernos tratamientos de psicodinámica, aunque persiguen objetivos similares en cuanto a orientación interior, incluyen más interactividad por parte del psicoterapeuta, permitiendo una terapia más corta, menos de 25 sesiones por lo general. Las personas que padecen TOC tienen como mínimo algunas interiorizaciones por lo que hace a sus comportamientos, haciendo que el objetivo básico sea menos útil; la interiorización por sí misma no es suficiente para “curar” el TOC. Ahora hemos aprendido que el TOC tiene, en gran parte, una causa biológica (queremos decir, por ejemplo, que el comportamiento obsesivo no esta causado simplemente por una mala relación con la madre, sino que tiende a producirse por herencia familiar). Debido al fracaso de los tratamientos psicológicos tradicionales para el TOC, se utilizan ahora los cognitivos-conductuales, con unos resultados francamente satisfactorios.
Tratamientos modernos
La terapia cognitiva-conductual (TCC) es una categoría de tratamientos psicológicos utilizados con éxito para los trastornos obsesivo-compulsivos. Esta terapia es la mejor forma de reducir permanentemente los síntomas del TOC. Está estudiado científicamente y muestra que realmente puede cambiar la actividad en el cerebro de una persona—en el sentido de que a través del mismo se puede “reeducar” al cerebro.
El objetivo de la TCC es doble: cambiar pensamientos y a la vez comportamientos. La parte cognitiva incluye la identificación y análisis de los pensamientos irracionales, permitiendo afrontarlos. Por lo que hace a la parte del pensamiento, el terapeuta y el paciente trabajan unidos para cambiar los comportamientos compulsivos. Ello incluye técnicas como Exposición y Prevención de Respuestas, también denominado Exposición y Prevención Ritual.
La exposición y prevención de respuesta o ritual tiene éxito de un 75 a 80% en cuanto a reducir los síntomas, haciendo el tratamiento más efectivo para el TOC. La persona que padece sentimientos obsesivos (TOC), experimenta extrema ansiedad y ello origina la ejecución de compulsiones que alivian momentáneamente esa ansiedad. Su objetivo es exponer a los que padecen TOC directamente a las obsesiones que les producen ansiedad y luego prevenir la actuación de rituales compulsivas para aliviar esa ansiedad. Es un proceso jerárquico. El terapeuta debe definir y clasificar sus miedos, desde los más perturbadores hasta los que lo son menos. Una vez hecho, se insta al paciente a exponerse a cada uno de los miedos tan pronto esté preparado para ello. El terapeuta jamás obligará a su paciente a efectuar ninguna acción que éste no desee, ya que es preciso tener mucho cuidado en asegurarse de que el sujeto se encuentra listo para el siguiente paso—debido a ello el proceso se alarga en el tiempo. El paciente de TOC aprende que la ansiedad en sí misma no es grave.
Debido a que el solo pensamiento de afrontar al miedo puede ser disuasorio por parte de muchos pacientes, algunos se preguntan si es posible evitar una parte de la terapia. La terapia cognitiva sola puede ser útil si un paciente es incapaz de participar en los ejercicios, pero la parte del tratamiento del comportamiento es la clave del éxito.
El terapeuta asignará tareas para que las lleve a cabo el paciente y evaluará el proceso de los síntomas para asegurarse de que va mejorando. El terapeuta estimulará de alguna manera al paciente ya que quizá necesite que se le dirija para conseguir una mayor efectividad en el tratamiento, pero no más de lo que el paciente pueda controlar. Es un proceso difícil pero muy efectivo y gratificante. La TCC es también efectiva para la mayoría de trastornos de ansiedad y muchos trastornos del espectro obsesivo-compulsivo.
El terapeuta adecuado
Debido a que no todos los terapeutas poseen las enseñanzas especializadas sobre las técnicas de comportamiento, las personas con TOC deberían elegir a un profesional de salud mental con cuidado antes de iniciar un programa de tratamiento, asegurándose de poseer la suficiente experiencia por lo que hace a los tratamientos con técnicas de comportamiento para trastornos de ansiedad. Es común encontrar personas con TOC que han asistido a terapias psicodinámicas sin observar efectividad alguna ni mejoría durante largo tiempo. Incluso debería evitarse un terapeuta cognitivista sin la suficiente experiencia en el trato del comportamiento.
Las personas que siguen un tratamiento correcto deberían empezar a ver su mejoría después de unas pocas sesiones de terapia cognitivo-conductual.
viernes, junio 06, 2008
2ª parte "Pensamiento mágico y obsesión"
Deseos
Nuestros deseos son probablemente lo más relacionado con el entorno mágico, así como las expectativas irrazonables. ¿Quién no se ha resistido a tener ciertos pensamientos de miedo o de mala suerte, formular un deseo mientras se soplan las velas de cumpleaños o intentar ayudar a un jugador de fútbol del equipo favorito a empujar el balón situado en el punto de penalti, utilizando sólo la esperanza y la concentración?
¿Traen buena suerte los rituales?
“Siempre que vuelo, coloco mis manos sobre el fuselaje mientras subo al avión. El hábito viene desde que era niño y tenía temor a subir a cualquier tipo de máquina que volase; a través de los años y al comprobar que nada malo me sucedía, mi cerebro decidió que debía continuar con el ritual para mantener mi mente en paz por si acaso”.
Los antropólogos insisten en el hecho constatado de que no hay mejor laboratorio de estas repeticiones rituales sin sentido que en los deportes. Sólo hace falta prestar atención a las “danzas” o rituales elaborados por los jugadores durante un partido o cuando tienen el acierto de apuntarse un tanto.
Las personas que suelen confiar en sus rituales presentan un fenómeno conocido como “ilusión de control”, la creencia de que se tiene más influencia sobre el mundo de la que realmente se tiene. No es una mala cosa –un sentido de control anima a trabajar más duro que en caso contrario. En efecto, el completo control sobre las propias fuerzas, conocido como “realismo depresivo”, suele obsesionar a las personas que padecen depresión clínica, quienes suelen mostrar menos pensamiento mágico.
Dar nombre
A medida de que los pensamientos y objetos van adquiriendo poder también lo hacen sus nombres. La habilidad del lenguaje para asociarlos con nuestros actos actúa como un hechizo sobre nosotros. Piaget indicó que los niños a menudo confunden los objetos con sus nombres, un fenómeno que el etiquetó como realismo nominal. Rozin y sus colegas lo demostraron también en adultos. Después de ver poner azúcar en dos vasos de agua y luego fijar la etiqueta de “azucarado” en uno y “veneno” en otro, la gente prefirió beber del vaso que llevaba “azucarado”. (El subconsciente no procesa la negatividad). Rozin también encontró que las personas son reticentes a romper un pedazo de papel en el que figura el nombre de una persona amada. Los símbolos arbitrarios transportan la esencia de lo que representan. Siguiendo esta misma regla de tres, señala Rozin, “el nombre de Adolfo cayó en picado durante los años 40”.
La creencia de un mundo justo hace que nuestra mente esté en calma. Incluso si las cosas escapan a nuestro control, las cosas suceden por alguna razón. La simple idea de arbitrariedad en cuanto a dolor y sufrimiento es tan terrible de soportar para muchas personas que la necesidad de orden moral puede explicar la popularidad de la religión.
Jesse Bering, psicólogo de la Universidad de Queen en Belfast estudia la psicología evolutiva de la religión. Comenta que teniendo en cuenta que un ser omnisciente puede leer nuestros pensamientos y castigarnos por nuestra inmoralidad previene de malos comportamientos y de esa forma ser expulsados de nuestro grupo social. Preguntó si el ser el objetivo de un relampago podría explicar por qué sin embargo no siento la necesidad de tocar madera si pienso en cosascomo, “No he tenido un resfriado durante meses”. “Pensamos todavía que el universo a través de una dosis aguda de realidad. El ritual de tocar madera de alguna forma nos satisface o agrada al universo y previene del castigo intencionado.
La creencia de que el universo es bueno con nuestros deseos es creer que tiene mente y alma, aunque rudimentaria. A menudo vemos objetos inanimados como llenos de una fuerza de vida. Cuando era niño quería desesperadamente que mi osito tuviera vida. Cuando pregunté a mi madre si amando algo lo suficiente se haría real, ella me contestó que no. Aquello rompió mi corazón. No es que pensara que todo está lleno de vida—incluso los bebés se sorprenden cuando un objeto inanimado se mueve por sí solo—es que sentimos que todo tiene su potencial. Se intelectualmente que no puedo hacer que los objetos cobren vida, pero todavía siento una ira irracional hacia una tostada cuando cae de mi mano—y me han dicho que la pise como venganza.
Pensamiento mágico: ¿Positivo o negativo?
El pensamiento mágico puede estructurarse entre escépticos a un lado y esquizofrénicos en otro. Las personas que se ratifican en las ideas mágicas en un terreno que va desde inocuo (miedo ocasional de pisar sobre las grietas de la calzada) hasta extravagantes (los presentadores de TV saben que les está mirando) tienen más posibilidad de padecer una psicosis o desarrollarla más tarde durante sus vidas. Las personas que sufren de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) presentan altos niveles de paranoia, disturbios de percepción y pensamiento mágico, en particular “fusión de pensamiento y acción”, la creencia que los pensamientos negativos pueden originar daños. Estas personas sienten el fuerte impulso de realizar tareas repetitivas para contrarrestar sus pensamientos intrusivos como si dejar las puertas abiertas puede perjudicar a las personas amadas.
No obstante, a más pensamiento mágico no implica más problemas emocionales—lo que en realidad cuenta es si estos pensamientos interfieren en el devenir cotidiano y en nuestro funcionamiento. “Ser totalmente “realista” no es del todo sano”, dice Meter Brugger, jefe de neuropsicología en la Universidad Hospital de Zurich. Dispone de datos suficientes que indican de una forma fehaciente que la falta total de ideas mágicas, reporta la inhabilidad de sentir placer.
Brugger afirma que la habilidad para ver patrones y hacer asociaciones mejora la creatividad y también sirve a una función práctica: “Aunque esté en una pradera, siempre será mejor que, prudentemente, asuma que también allí puedo encontrar un tigre”.
Psychology Today Magazine
Nuestros deseos son probablemente lo más relacionado con el entorno mágico, así como las expectativas irrazonables. ¿Quién no se ha resistido a tener ciertos pensamientos de miedo o de mala suerte, formular un deseo mientras se soplan las velas de cumpleaños o intentar ayudar a un jugador de fútbol del equipo favorito a empujar el balón situado en el punto de penalti, utilizando sólo la esperanza y la concentración?
¿Traen buena suerte los rituales?
“Siempre que vuelo, coloco mis manos sobre el fuselaje mientras subo al avión. El hábito viene desde que era niño y tenía temor a subir a cualquier tipo de máquina que volase; a través de los años y al comprobar que nada malo me sucedía, mi cerebro decidió que debía continuar con el ritual para mantener mi mente en paz por si acaso”.
Los antropólogos insisten en el hecho constatado de que no hay mejor laboratorio de estas repeticiones rituales sin sentido que en los deportes. Sólo hace falta prestar atención a las “danzas” o rituales elaborados por los jugadores durante un partido o cuando tienen el acierto de apuntarse un tanto.
Las personas que suelen confiar en sus rituales presentan un fenómeno conocido como “ilusión de control”, la creencia de que se tiene más influencia sobre el mundo de la que realmente se tiene. No es una mala cosa –un sentido de control anima a trabajar más duro que en caso contrario. En efecto, el completo control sobre las propias fuerzas, conocido como “realismo depresivo”, suele obsesionar a las personas que padecen depresión clínica, quienes suelen mostrar menos pensamiento mágico.
Dar nombre
A medida de que los pensamientos y objetos van adquiriendo poder también lo hacen sus nombres. La habilidad del lenguaje para asociarlos con nuestros actos actúa como un hechizo sobre nosotros. Piaget indicó que los niños a menudo confunden los objetos con sus nombres, un fenómeno que el etiquetó como realismo nominal. Rozin y sus colegas lo demostraron también en adultos. Después de ver poner azúcar en dos vasos de agua y luego fijar la etiqueta de “azucarado” en uno y “veneno” en otro, la gente prefirió beber del vaso que llevaba “azucarado”. (El subconsciente no procesa la negatividad). Rozin también encontró que las personas son reticentes a romper un pedazo de papel en el que figura el nombre de una persona amada. Los símbolos arbitrarios transportan la esencia de lo que representan. Siguiendo esta misma regla de tres, señala Rozin, “el nombre de Adolfo cayó en picado durante los años 40”.
La creencia de un mundo justo hace que nuestra mente esté en calma. Incluso si las cosas escapan a nuestro control, las cosas suceden por alguna razón. La simple idea de arbitrariedad en cuanto a dolor y sufrimiento es tan terrible de soportar para muchas personas que la necesidad de orden moral puede explicar la popularidad de la religión.
Jesse Bering, psicólogo de la Universidad de Queen en Belfast estudia la psicología evolutiva de la religión. Comenta que teniendo en cuenta que un ser omnisciente puede leer nuestros pensamientos y castigarnos por nuestra inmoralidad previene de malos comportamientos y de esa forma ser expulsados de nuestro grupo social. Preguntó si el ser el objetivo de un relampago podría explicar por qué sin embargo no siento la necesidad de tocar madera si pienso en cosascomo, “No he tenido un resfriado durante meses”. “Pensamos todavía que el universo a través de una dosis aguda de realidad. El ritual de tocar madera de alguna forma nos satisface o agrada al universo y previene del castigo intencionado.
La creencia de que el universo es bueno con nuestros deseos es creer que tiene mente y alma, aunque rudimentaria. A menudo vemos objetos inanimados como llenos de una fuerza de vida. Cuando era niño quería desesperadamente que mi osito tuviera vida. Cuando pregunté a mi madre si amando algo lo suficiente se haría real, ella me contestó que no. Aquello rompió mi corazón. No es que pensara que todo está lleno de vida—incluso los bebés se sorprenden cuando un objeto inanimado se mueve por sí solo—es que sentimos que todo tiene su potencial. Se intelectualmente que no puedo hacer que los objetos cobren vida, pero todavía siento una ira irracional hacia una tostada cuando cae de mi mano—y me han dicho que la pise como venganza.
Pensamiento mágico: ¿Positivo o negativo?
El pensamiento mágico puede estructurarse entre escépticos a un lado y esquizofrénicos en otro. Las personas que se ratifican en las ideas mágicas en un terreno que va desde inocuo (miedo ocasional de pisar sobre las grietas de la calzada) hasta extravagantes (los presentadores de TV saben que les está mirando) tienen más posibilidad de padecer una psicosis o desarrollarla más tarde durante sus vidas. Las personas que sufren de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) presentan altos niveles de paranoia, disturbios de percepción y pensamiento mágico, en particular “fusión de pensamiento y acción”, la creencia que los pensamientos negativos pueden originar daños. Estas personas sienten el fuerte impulso de realizar tareas repetitivas para contrarrestar sus pensamientos intrusivos como si dejar las puertas abiertas puede perjudicar a las personas amadas.
No obstante, a más pensamiento mágico no implica más problemas emocionales—lo que en realidad cuenta es si estos pensamientos interfieren en el devenir cotidiano y en nuestro funcionamiento. “Ser totalmente “realista” no es del todo sano”, dice Meter Brugger, jefe de neuropsicología en la Universidad Hospital de Zurich. Dispone de datos suficientes que indican de una forma fehaciente que la falta total de ideas mágicas, reporta la inhabilidad de sentir placer.
Brugger afirma que la habilidad para ver patrones y hacer asociaciones mejora la creatividad y también sirve a una función práctica: “Aunque esté en una pradera, siempre será mejor que, prudentemente, asuma que también allí puedo encontrar un tigre”.
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